miércoles, 23 de abril de 2014

Reglamento de la Ley Súper 8: todo de nuevo


A foja cero han vuelto muchos temas con la llegada de la administración de Michelle Bachelet. En algunos casos esta nueva mirada no me parece y en otro estoy absolutamente de acuerdo. Hoy me referiré a lo segundo, luego de saber que el Ministerio de Salud (Minsal) derogará el reglamento que hace operativa la ley N° 20.606 de composición nutricional de los alimentos y su publicidad.

Hemos hablado muchaaaasss veces de esta polémica norma y de las numerosas críticas que despertó la elaboración de su reglamento y su posterior implementación. Hasta donde quedamos no quedaba muy claro qué alimentos efectivamente iban a ser considerados altos en azúcar, sal y grasa, y daba la sensación que las cosas no iban a cambiar mucho.

Pues bien, el jueves 17 de abril, la titular del Minsal, Helia Molina informó que el documento quedaba nulo, por lo que un grupo de expertos comenzaría a elaborar un nuevo "manual de cortapalos" contra reloj. Al respecto tengo mis temores que todo quede en eso, en un estudio de un estudio.

Recordemos que el reglamento es importante porque sin él, la ley no puede hacerse efectiva, es decir, todos los años que demoró la tramitación de la iniciativa - lobbys de por medio- quedarían en nada. De hecho, si el documento ve la luz este año, recién podría aplicarse el 2015. También hay que consignar que parlamentarios y expertos en nutrición solicitaron a la autoridad que el texto presentado por ex ministro Jaime Mañalich, quedara nulo puesto que "era un traje a la medida de la industria alimenticia".

Ponerse de acuerdo respecto a qué productos deberían ser catalogados como dañinos para la salud y la forma en que ello debe ser comunicado a los consumidores es el meollo del asunto. Creo que esta materia debe estar en manos de especialistas y solo en ellos, puesto que los políticos ya tuvieron su momento para contribuir con su granito de arena. El problema está en que "lo técnico" también se cruza con lo político, puesto que el Minsal no es un ente indiferente al gobierno de turno.

Insisto me preocupan los tiempos y lo digo pensando en lo práctico. Cada día que pasa, son miles los niños comiendo lo mismo de siempre. Tal vez alguno dirá que si la ley se aplica la situación no cambiará mucho, y tal vez tiene razón, pero mi punto es otro: cuando al consumidor se le dan las herramientas para entender un etiquetado nutricional, la responsabilidad de sus decisiones de compra es cien por ciento de él. Hoy eso no pasa, porque es complejísimo entender una tabla encriptada y más encima impresa en un tamaño diminuto.

El otro día alguien me decía que estaba harto de que se le dijera qué comer y qué no. Y ahora que lo leo, tiene razón pero vuelvo a decir que son muchísimas las personas que sí les interesa saber qué se están llevando a la boca, y tal vez, a partir de ello decidan cambiar sus opciones. La información es clave en esto, pero ello debe pasar primero por definiciones básicas que solo los analistas deben definir. Lo que viene después queda al criterio de cada uno.

lunes, 21 de abril de 2014

Más desayuno, menos kilos

El desayuno ha sido uno de los objetos de estudio habitual en el área de la nutrición. La primera comida del día es lejos la más importante y aunque no nos guste escucharlo, los horarios son claves cuando nos damos a la tarea de bajar de peso y en definitiva, de mejorar nuestra salud.

Un estudio de la Universidad de Tel Aviv demostró dramáticas diferencias en cuanto a la pérdida de masa corporal y la disminución del contorno de cintura, en personas que habían distribuido las calorías diarias de distinta forma.

El ejercicio contempló dos grupos de mujeres de una media de 50 años con un Índice de Masa Corporal que indicaba sobrepeso. A todas se les hizo comer un total de 1400 calorías diarias, una cantidad inferior a la que usualmente estaban acostumbradas, de allí que todas resultaran favorecidas con la intervención.

Luego, un grupo se alimentó de 700 calorías al desayuno, 500 al almuerzo y 200 a la cena; mientras que al otro la distribución fue inversa, es decir, 200 al desayuno, 500 al almuerzo y 700 en la cena. El ejercicio se realizó durante 12 semanas (3 meses) ¿Y qué creen que pasó? El primer grupo bajó más de peso y disminuyó más centímetros que el segundo.

En concreto, se determinó que las mujeres que habían desayunado más, alcanzaban un promedio de 8 kilos menos; mientras que las que habían ingerido menos a primera hora de la mañana, perdían unos 3 kilos. En cuanto a centímetros, las primeras lograban hasta 7,6 cm menos; y las segundas hasta 3,5 cm menos.

DESAYUNO PROMEDIO

Eso indicó el estudio, pero en la realidad no es difícil constatar estas conclusiones. La dieta del chileno promedio considera una distribución ascendente de calorías, lo que se atribuye principalmente a la extensa jornada laboral que hace que comer no sea una prioridad. De hecho el cálculo de 200-500-700 no es el azar.

Por lo general, las personas evitan desayunar porque si lo hacen, implica levantarse más temprano. Más minutos de sueño es la consigna, por lo que el desayuno se deja para media mañana. A esa hora, los estudiantes hacen un alto para comer un sándwich o un pastel, o los trabajadores en la oficina van por un café "especial" y algo dulce. Los que desayunan, no pasan de un té o café con pan con jamón, queso, palta o paté.

Las calorías de ese tipo de desayuno dependerán de las porciones y por supuesto, ello incidirá en el hambre que sentiremos durante la jornada, y por tanto, en lo que terminemos por llevarnos a la boca a distintas horas. Por ejemplo, el té o café con pan con agregado dependerá de lo sustancioso que sea el sándwich; mientras que en el caso del café con un embeleco, también será un factor el tamaño de la golosina y el tipo de café que se ingiera (recordemos el caso Mocachino).

Calorías más, calorías menos; sabemos que la combinación de alimentos, su elección, las cantidades, los horarios y su preparación son diversos aspectos a tener en cuenta. En el caso del desayuno, están reglas se aplican totalmente: siempre será mejor optar por frutas crudas cortadas con cáscara, cereales integrales sin azúcar y proteína láctea descremada, todo consumido dentro de la primera media hora de haber despertado.

miércoles, 16 de abril de 2014

Dime en qué trabajas y te diré si tienes obesidad

Siempre se ha dicho que las personas que trabajan en la industria alimenticia tienden a ser más obesas que otras, pero la verdad eso de tener la comida a la mano, no necesariamente incidiría en la ganancia de peso corporal.

Un estudio dado a conocer hace poco, en la American Journal of Preventive Medicine, hizo una suerte de ranking de las profesiones que tienen mayor prevalencia de obesidad, como así también en las condiciones laborales que pondrían vincularse con un mayor Índice de Masa Corporal (IMC).

Usando los datos de la 2010 National Health Interview Survey, se determinó que a mayor cantidad de horas de trabajo por semana, menor formalidad en el empleo, mayor hostilidad en el ambiente laboral, y menor equilibrio entre familia y trabajo, las personas tienden a ganar más peso. Así aquellos que compatibilizan mejor ambas áreas y cuentan con tiempo para el ocio, suelen destinar mayor tiempo a la actividad física y al cuidado de la salud por medio de la alimentación.

Cuando se trata de identificar a los más gorditos, las profesiones relacionadas con la salud con las que se empinan en la tabla, de hecho un 35% de aquellos que trabajan en hospitales, consultorios, laboratorios y clínicas muestran más prevalencia de obesidad. El sedentarismo y los turnos de noche estarían dentro de los factores que gatillarían esta condición.

Este dato resulta paradojal puesto que este grupo de trabajadores tiene mayor acceso a información saludable, particularmente a cómo alimentarse de manera equilibrada y realizar ejercicio físico regular.

Otras áreas de riesgo se vinculan con la administración pública y la seguridad. Aquellos sentados todos los días frente a un escritorio o que se pasean por lugares estrechos, suelen alimentarse con comida rápida debido a que privilegian consumir algo simple que no requiere ser cocinado, con tal de no perder tiempo almorzando.

Otro datos significativo es que aquellos que reportaban trabajar más de 40 horas a la semana y que se desarrollan en ambientes hostiles, suelen tener mayores IMC. Para nadie es un misterio que el estrés produce dificultades para dormir y ansiedad, aspectos que se vinculan con la ganancia de peso y grasa.

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